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Y ya he roto todo lo demás. El problema es que tampoco puedo despegarme los pedazos. El problema es el polvo en que todo se vuelve, las voces que me arrullan y que pueden, lo se, confundir los colores.
A veces, como hoy es difícil la risa. A veces no me quedan gestos y me canso de intentar sonreírme atentamente.
Entonces es inútil cerrar fuerte, correr las cortinas y olvidar el brillo, la cáscara de todo lo que empieza.
Aquí me he traído y aquí he intentado vivir y aquí voy a morir con las manos abiertas
para que no se escape el último azul, para que no naufraguen en este gris el polvo y el olor de mi puerto.
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