IRÉ
AL MAR
Iré al mar.
Será un día diferente a los otros.
La lluvia habrá cesado y un sol fresco
traerá la memoria.
Iré abierta, con las hojas del alma
tendidas al agua y a la brisa.
Iré desnuda. Las ciudades
quedarán tras las puertas
del recuerdo. Iré
sin rostros y sin horas
apenas con el manto
ligero de la risa.
Iré muy vieja e iré sola
con las piedras rompiendo
piel y huesos
y
el amor en lo hondo
destrozando
lo que reste de dudas
y
de sueños.
Iré aprisa, como quien bebe
en el desierto, como quien deja
o
besa cada paso
en la hoguera feroz
de lo perdido.
Y
será invierno, lo se.
Ya siento el olor
del agua embravecida
el ardor de la espuma
la caricia
de los peces de luz
en mi garganta...
Ya siento el Sol que recupera
el ciclo de mis horas,
anulando este tiempo
transcurrido, estos años
de no ver,
este silencio.
¡Ya siento el Sol,
ya oigo las canciones
del mar celebrando mi regreso
y
veo las gaviotas y respiro
muy hondo tanta luz
y
me convierto…!
Iré al mar. No importan
todas las fronteras que conozco,
el dolor, ni el peso que deberé arrastrar.
Iré como quien muere
como quien ha dejado
de pensar.
Será un día, sin dudas
distinto de los otros:
la lluvia habrá barrido la vergüenza,
y
esta dulce invalidez
con la que el miedo
conjura todo lo perdido.
Iré aprisa
no sea que vuelvan las ciudades
a
cerrar sus ventanas y sus puertas
y
aquellos que no saben
me descubran
me llenen de su polvo,
y
me devuelvan.
Iré pronto, lo se.
No sea que se acabe
un nuevo invierno en el camino,
me alcance el huracán,
y
ya comprenda
otra vez que es el último
Que no se regresar.
Que no hay otras palmas que las rotas
que dejo a cada intento,
clavándome a esta tierra
adonde nunca
ya sabré caminar.
No sea
que el paso ligero ya no pueda
volver a convertirse en este paso
con el que soy feliz, con el que cambio
poquito a poco el alma
por la vida.
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