AMERICAN
DREAM
Ya vendí mi mañana, mi placer del sol
y de los
pájaros
mi patio fresco, el árbol de subir, el agua.
Vendí mi tiempo de andar el vecindario,
correr un poco, respirar, tenderme
cara al sol en la hierba y evocarte.
Vendí también mi mediodía,
el almuerzo contigo,
el placer de cocinar y servir lo que quisieras.
Busqué bien, no dejé siquiera los minutos
de llamarte. Y fue triste,
porque no oí
definitivamente que me amas.
Vendí mi tarde, la tarde de correr
a la playa y sumergirme hondo
y ser pez y ola y espuma en mi garganta.
La tarde de renacer en alguna gaviota
de ésas que aún vuelan a tus manos.
Vendí mi anochecer, el júbilo de encontrarte
al regreso, ya sin mucho de valor,
pero al menos la sonrisa, un beso, la certeza
de volver temprano y compartir los tantos
conflictos, desprecios y esperanzas.
Pensé, no obstante, en conservar la noche,
para abrazarte y murmurar te quiero
al menos una vez antes que el sueño
venza, antes que tenga que cerrar los ojos
y dejar que duermas y otra vez te escapes.
Pensé poder leer alguno de mis libros,
jugar con el perro, escribir un rato.
Pensé empezar a meditar de nuevo
y recobrar al menos la esperanza
de hallar la manera de detener la venta.
Pero vendí la noche imperceptiblemente.
Tal vez se me fue en el último paquete
donde envolví todo lo que no te dije,
las flores pisadas, el dolor y el miedo
de no ser como debo para seguir vendiendo.
Para seguir viviendo de vender la vida
a un precio que no alcanza
para seguirla amando.
Son ahora las tres y decidí escribirte,
con lo poco que pude hurtar,
con lo que queda
aun después de sacudir
el polvo en los estantes.
Pero es inútil, he vendido tanto
que solo traje el sueño y el último beso
escondidos en el fondo del bolsillo.
Buenas noches, mi amor.
Dios quiera que mañana
sea un buen día para seguir vendiendo.
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